porque me equivoqué
y pedí perdón.
Tranquila...
porque de niña me abandonaron,
y ya no guardo rencor.
Estoy tranquila,
aunque lo que tengo es poco
vale más que mi dolor.
Tranquila...
porque lo que viene es míoy por ello lucho y vivo.
Me siento tranquila,
al fin tranquila...
¡otra vez tranquila!
Me perdí en el camino,
fue un desvío alterado,
sufriente, hartante,
extraño y ajeno.
Me perdí, pero de ese viaje pasajero,
volví tranquila,
porque rendida seguí pateando
hasta encontrar una cajita
que escrito en dorado decía:
"su vida vale lo que usted se permita".
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