Hay cosas que escribo en las paredes y cartas,
de esas que una nunca manda
y las paredes siempre ahí, quietas, inmensas, duras e intactas.
No es que todo lo que siento y pienso te lo escribo,
me lo escribo a mi porque creo que fue suficiente el gastadero de palabras
y dulzuras
y dolores
y angustias
y hojas
y paredes
y mi pulso...
de lágrimas...
quizá no debía dejarte...
pero quizá en realidad no tenía por qué extrañarte.
Fin,
no creo que vuelvas a recuperarte...
yo si pude y puedo sola,
nadie me delinea,
nadie me contornea...
creo que se defondó el baul que guardaba mis sentimientos
hacia tu triste y doble persona.
Fin...
me gusta estar no tan sola.
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